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Una de las historias aterradoras que cuentan los habitantes de poblados próximos al  Castillo de San Felipe, como la aldea Fronteras, entre otras, ubicadas en el municipio de Livigston del departamento de Izabal, es la de los piratas fantasmas que atacan al Castillo de San Felipe.

Cuentan las personas de estos lugares que todos los jueves cuando se celebra el Corpus aparece una gran luz que ilumina la boca del Río Dulce, al trote del reloj que marcha por segundos que se convierten en minutos son sorprendidos por el aparecimiento de un gran fogarón, como si el castillo volviera a cobrar vida, dejando atrás los vestidos de ruina, se convierte en un lugar habitado por personas que vivieron otras épocas.

Cuando llega la media noche, el mar se agita, el viento sopla con mayor fuerza y se escuchan gritos acompañado de explosiones de cañones. Algunas personas de estos poblados afirman que ven fulgores de éstos que van directamente al castillo enmarcando un imaginario ataque de almas perdidas en el mar de pillos llamados en su tiempo piratas.. El sonido de espadas rompiendo el aire, carne, huesos y todo lo que atraviese su camino, es algo familiar, aunque espeluznante para los poblados cercanos…

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Los más valientes cuentan que salen a la calle a ver que está pasando, pero al salir la única luz que se encuentra es la de la luna y millones de estrellas que titilan en el cielo, el sonido desaparece casi por completo, pero al poco tiempo vuelve a aparecer como un eco hasta fusionarse con el silencio, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Esta leyenda se ha transmitido de generación en generación y si visitas alguno de estos lugares, que no te extrañe que te cuenten esta fascinante historia del ataque de los piratas fantasmas al Castillo de San Felipe…